El amor es como una montaña rusa, agárrate bien, o perderás el gusto por volver a subir, da miedo, da alegría, da vértigo, y como siempre no se puede obligar a nadie a enamorarse, cuando el amor se acaba, duele a quien sigue amando, hasta que todo se diluye, hace falta tiempo y madurez, para anular el sentimiento de tristeza y desamparo que nos embarga y nos hace sentir cerca de la muerte, es un duelo o como dicen algunos, un conflicto, más doloroso que la propia muerte del ser amado.
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martes, 14 de octubre de 2014
lunes, 6 de octubre de 2014
CARTA DE UN PADRE A SU HIJO
Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañé porque estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.
Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te volví a regañar y te empujé para que fueras a cambiarte de inmediato.
Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mi tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal.
Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos; que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mi te indiqué que caminaras erguido.
Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto.
Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. ¿Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?
Luego escuché unos golpecitos en la puerta. “Adelante”, dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación. Te miré con seriedad y pregunté: “¿Te vas a dormir? ¿Vienes a despedirte?”
No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente. Te abracé… y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba.”Hasta mañana papito” me dijiste.
¿Qué es lo que estaba haciendo? ¿Por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual.
Tú tenias unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y, sobre todo, sabías demostrar amor.
¿Por qué me costaba tanto trabajo? ¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado? ¿Qué es lo que me estaba aburriendo? Yo también fui niño. ¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?
Después de un rato entré a tu habitación y encendí con cuidado una lámpara. Dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé.
Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener el sollozo y cerré los ojos. Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación.
Si Dios me escucha y te permite vivir muchos años, algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida.
Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañé porque estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.
Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te volví a regañar y te empujé para que fueras a cambiarte de inmediato.
Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mi tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal.
Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos; que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mi te indiqué que caminaras erguido.
Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto.
Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. ¿Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?
Luego escuché unos golpecitos en la puerta. “Adelante”, dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación. Te miré con seriedad y pregunté: “¿Te vas a dormir? ¿Vienes a despedirte?”
No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente. Te abracé… y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba.”Hasta mañana papito” me dijiste.
¿Qué es lo que estaba haciendo? ¿Por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual.
Tú tenias unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y, sobre todo, sabías demostrar amor.
¿Por qué me costaba tanto trabajo? ¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado? ¿Qué es lo que me estaba aburriendo? Yo también fui niño. ¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?
Después de un rato entré a tu habitación y encendí con cuidado una lámpara. Dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé.
Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener el sollozo y cerré los ojos. Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación.
Si Dios me escucha y te permite vivir muchos años, algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Por favor, si queréis podéis entrar en este foro, tiene un chat y espero que pronto se anime la gente que necesita hablar y aumentar su autoestima.
http://elamor.foroactivo.com/
http://elamor.foroactivo.com/
Hoy no tengo miedo a perderte, sólo tengo miedo a volver a sentirme desnudo y frustrado, sólo tengo miedo a repetir la misma historia, sólo tengo miedo a oír tus voces en mi teléfono, y el ti, ti ,ti, ti .... de haber colgado dejándome con la palabra en la boca, hoy tengo miedo de tus formas y de tu carácter. Tú no cambias.
Dios sabe que no me da miedo la soledad, sentarme en la playa a ver como se pone el sol, sentir las caricias de la brisa del mar en mi piel, mientras me mancho de arena los pantalones y juego descalzo con los pies en la arena. No, hoy no tengo miedo de estar solo, porque sé que ese no es mi destino. Hoy sólo tengo miedo de volver contigo y seguir sin ser feliz, porque mi pasado es un verso, un poema lleno de gritos a la noche, a la soledad, al reencuentro con un amor sincero, que se traducía en riñas, voces y malas formas, y estoy harto de que me hagas sentir culpable, de que me digas que sólo gritándome escucho tus exigencias, harto de que me digas que no he hecho nada por ti, me siento como el pobre Norbit junto a Raspucia, con la única diferencia de tu bella juventud, que a vejez a de tornar y todos sabemos que eso no es suficiente para que te ame. Yo necesito un hogar, donde se riñe con dulzura, donde se discute con caricias, hoy es eso lo que busco y quiero, lo que necesito para ser feliz, eso y mucho mas que ahora no escribo por que hoy no quiero expresar todos mis sentimientos. Dios mío, soy tan fácil de convencer con besos y caricias !!!. Y tan silencioso, después de sentirme insultado y no respetado.
Hoy de nuevo, cierro círculos y abro ventanas para dejar que la brisa del mar de Huelva, limpie mi alma, hoy te deseo, pero no te amo, mañana ni siquiera eso, tu no cambias. se feliz
martes, 25 de febrero de 2014
Mis días son el despertar en la noche y llegar al amanecer,
rodeado de batas blancas y verdes de un ir y venir de gentes,
de momentos buenos y malos de pacientes que estrechan tu mirada
y quieren recibir tus manos, mis días pasan desnudos entre la vida y la muerte, entre enfermos mentales que requieren el contacto y el cariño,
Mis días son así, cada uno diferente.
Mis noches, no son mías esperando volver a verte, colgado de un hilo, donde espero cada noche hablar contigo.
Mis noches son desvelos cuando no se de ti, cuando siento que estas triste, aunque no te veo.
Mis noches son desvelo pensando si estas bien, sintiendo que te pierdo en la distancia.
Mis noches son sinceras, como siempre como ahora, esperando un te quiero, un abrazo, un beso.
Mis noches son la espera de volver a verte, hijo mio, son el dolor en la lejanía.
Mis noches son como esta, un grito ahogado, de silencio, un amor de padre permanente, infinito como Dios, limpio y puro, que que se funde en tu silencio vivo.
¡Ay de quien te haga sufrir!, ¡Ay de quien te corte con su luna de hoz!, ¡Ay hijo mio!, tu dolor es mi dolor, que tu alegría la mía y la mía te regalo yo.
Mis noches son la espera, del simple diálogo "buenas noches, un beso y un te quiero", de un "Te quiero mucho", que sale del corazón.
Mis noches son la espera, de la hora indicada, de tu llamada, de tu vuelta, de tu abrazo y tus palabras.
¡Ay de mi y de mis noches!, sin las risas de ellos dos, saber que os llevo en mi alma y en mi corazón.
rodeado de batas blancas y verdes de un ir y venir de gentes,
de momentos buenos y malos de pacientes que estrechan tu mirada
y quieren recibir tus manos, mis días pasan desnudos entre la vida y la muerte, entre enfermos mentales que requieren el contacto y el cariño,
Mis días son así, cada uno diferente.
Mis noches, no son mías esperando volver a verte, colgado de un hilo, donde espero cada noche hablar contigo.
Mis noches son desvelos cuando no se de ti, cuando siento que estas triste, aunque no te veo.
Mis noches son desvelo pensando si estas bien, sintiendo que te pierdo en la distancia.
Mis noches son sinceras, como siempre como ahora, esperando un te quiero, un abrazo, un beso.
Mis noches son la espera de volver a verte, hijo mio, son el dolor en la lejanía.
Mis noches son como esta, un grito ahogado, de silencio, un amor de padre permanente, infinito como Dios, limpio y puro, que que se funde en tu silencio vivo.
¡Ay de quien te haga sufrir!, ¡Ay de quien te corte con su luna de hoz!, ¡Ay hijo mio!, tu dolor es mi dolor, que tu alegría la mía y la mía te regalo yo.
Mis noches son la espera, del simple diálogo "buenas noches, un beso y un te quiero", de un "Te quiero mucho", que sale del corazón.
Mis noches son la espera, de la hora indicada, de tu llamada, de tu vuelta, de tu abrazo y tus palabras.
¡Ay de mi y de mis noches!, sin las risas de ellos dos, saber que os llevo en mi alma y en mi corazón.
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