Era una tarde gris, el cielo apuntaba lluvia y frío,pero él había quedado con esa chica, que le hacia sentir sensible, cariñoso, una persona buena, sí, todo eso y mucho más era lo que ella obtenía, extraía de él, cogió el coche, para encontrarse con esa mujer, que conocía desde hacia unos meses aún no habían tenido nada serio, en fin su idea era la de cualquier tarde, un cine, unas cañas, unas risas y poco más, eran buenos amigos, pero aquella tarde no sería como las demás, Eva quería más de él y él no sabía nada de esto, aunque lo deseaba con locura. Al doblar la esquina, allí estaba ella, puntual como siempre, sus cabellos de rizos rubios y ondulados se agitaban con el viento, bajo su paraguas, azul ultra mar, sus botas y sus pantalones vaqueros, ajustados, siempre llamaban la atención de Pedro, por que realzaban su joven y escultural figura, tan atractiva, para él, de hecho, la primera vez que la vio, fue de espaldas, mientras caminaba por la acera, resguardado bajo un paraguas negro.
Pedro toco el claxon y sonrió, ella contestó a su sonrisa, hola, cielo, dijo él, siempre tan puntual y cariñoso, respondió Eva, montando en el vehículo. Estaba la calefacción puesta, hacía calorcito y la música que sonaba en la radio, invitaba a no salir del coche, a recorrer km y km, mientras se relajaba, como copiloto de Pedro.
Dieron varias vueltas buscando un sitio, para aparcar, aquella tarde se antojaba imposible, poco a poco la noche fue arropando la ciudad y decidieron ir a un lugar tranquilo, donde poder charlar, la idea salio de ella, sí, ella quería tener esa tarde especial con Pedro, llevaba mucho tiempo soñando con ese momento, quería saber que pensaba de ella, a lo que el accedió sin oponerse.
Subieron una pequeña colina, desde donde se veían las luces de la ciudad, allí detuvieron el coche y comenzaron a charlar, él miraba, observaba los ojos de ella, unos ojos grandes, intensos, verdes, alegres y jóvenes, que sonreían a cada loca ocurrencia de Pedro. Sin darse cuenta, Eva, no podía dejar de mirar la boca, los labios de él, con esos dientes perfectos, blancos y esa sonrisa pícara, que él, de forma natural, siempre tenía, sentía que comenzaba a desearlo, que las palabras, algunas veces, dejaban paso a la imaginación, despertando un deseo, cada vez mas fuerte en Eva, acentuado con un toque de complicidad y ternura en las palabras de elogio, que Pedro le iba narrando poco a poco.
Despacio, sin buscarlo, se aproximó a Eva, con la tonta escusa de una mota en el ojo, con total naturalidad, quería ver esos ojazos, más de cerca y oler la piel y el cabello aún húmedo de Eva y se encontró con los labios de ella, entre abiertos, carnosos, esperando ser besados y así lo hizo, con mucha ternura, muy despacio, sin querer obtener respuesta, tan sólo deseaba dar, expresar, ese calor, que sólo se puede dar, cuando se besa con el alma. Eva quedó imantada ante aquella situación, que a pesar de abrazarla con seguridad y emoción, la había cogido por sorpresa. "Es una agradable sorpresa" comentó Eva, él sonrió, ante aquellas palabras y comenzó a acariciar su cara, besando su cuello, mientras Eva acariciaba la nuca de Pedro, dejando sus dedos entrelazados en su negra cabellera, a la vez que ella dejaba caer su cabeza hacia atrás, mientras sus manos, se deslizaban por la espalda ancha y fuerte de Pedro, aquel gesto, hizo que él tomara las riendas de la situación, a Eva siempre le gustó ser deseada, dejarse llevar por las sensaciones, por eso cerro los ojos, quería sentir, hacer suyo para siempre ese momento, con intensidad, grabarlo en su memoria, en su olfato, en todos sus sentidos, que ahora, estaban enardecidos, dispuestos a obtener el máximo rendimiento posible. Poco a poco, los besos del cuello y las caricias fueron descendiendo por el cuerpo de Eva, las sensaciones, eran cada vez más y más intensas, sensuales, dejando paso al deseo. La blusa de Eva estaba algo desabrochada, por la calefacción del coche, Pedro llevaba un jersey, sin más nada debajo de éste, lo que facilitó que Eva pudiese introducir, fácilmente, una mano en el torso de Pedro y acariciarlo lentamente, con suavidad, a tal gesto respondió Pedro, dejando la blusa desabrochada por completo, con lo que sus senos, bajo el sujetador, se tornaban más exuberantes, dudo seguir, pero Eva, hábilmente, con un rápido movimiento de dedos, se deshizo de aquella prenda que cubría sus pechos, ahora desnudos, esperando a las suaves, grandes y fuertes manos de Pedro, que comenzó a acariciarlos suavemente, besando sus pezones, mordiéndolos con los labios, al fin y al cabo era Eva quien iba marcando la pauta a seguir, arqueandose, dejando abierto su cuerpo al placer, mientras sus ojos permanecían cerrados, por que lo deseaba desde hacia mucho tiempo. Pedro comenzó a lamer y succionar los pezones de Eva, atrapando sus pezones entre sus dedos, mientras ella desabrochaba el pantalón, no sin dificultad, de Pedro; quería sentir su pene, tenerlo entre sus manos, atrapar la presión de su miembro, ya duro, erguido, como sus pezones, deseosos de continuar siendo besados y lamidos con más fuerza . Casi sin darse cuenta, estaban desnudos uno junto al otro, uno frente al otro, acariciando sus cuerpos, sintiendo su piel, arropándose con sus cuerpos. Eva, estaba muy mojada, necesitaba sentir a Pedro dentro de ella, suavemente lo atrajo hacia ella, mientras se recostaba en el sillón, sobre su espalda, él se encontró encima de Eva, frente a frente, besándola con pasión, ya no eran los besos del principio, ahora eran fruto del deseo, Eva introducía su lengua hábilmente en la boca de Pedro, acariciando con su lengua, sus labios, mientras le abrazaba con fuerza y su pelvis buscaba la de Pedro, en un intento de frotar su clítoris y su sexo con el duro miembro de él, estimulando así toda la pasión necesaria, para que Pedro decidiese introducir su pene dentro del sexo de Eva, lo que no se hizo esperar, Eva sonrió en ese momento, a la vez que cerro sus ojos y dejo su boca entre abierta, por las múltiples sensaciones de placer que sentía en ese momento, sólo quería sentir a Pedro dentro de ella, a su vez, Pedro solo quería que Eva sintiera el mismo placer que el sentía al moverse rítmicamente, en un va y ven acompasado de pasión y deseos encontrados que a cada instante se hacían más intensos, dejándose llevar por el placer y la seguridad de que ambos estaban amándose de verdad, sintiéndose, comiéndose la boca, arropándose con sus cuerpos, su piel, hasta que el clímax les sorprendió en una alegoría de contracciones, un abandono de los cuerpos, con toda la intensidad de un gran placer, un estado semejante, no lo habían vivido así jamás. Ambos quedaron relajados, uno encima del otro, unidos profundamente, por el deseo, el amor, por sus sexos, abrazados por la mirada de sus ojos, cómplices, por el amor, que definitivamente sentían el uno por el otro. Se besaron de nuevo lentamente y miraron a los ojos, mimándose, acariciándose.
Las palabras sobran, por que en realidad todo esto, quizás sea el estúpido sueño de un pobre diablo, en una tarde de invierno
Sólo os deseo, a vosotros que leéis esto, que lo escrito haya gustado y despertado, quizás, vuestros sentidos; lo narrado, esa estúpida facilidad de la expresión, de la palabra, no merece la pena comentarla, ni alabarla, (yo escribo para mi), ya que, guarda el profundo respeto de mi anonimato, en el silencio de vuestros deseos
El amor es como una montaña rusa, agárrate bien, o perderás el gusto por volver a subir, da miedo, da alegría, da vértigo, y como siempre no se puede obligar a nadie a enamorarse, cuando el amor se acaba, duele a quien sigue amando, hasta que todo se diluye, hace falta tiempo y madurez, para anular el sentimiento de tristeza y desamparo que nos embarga y nos hace sentir cerca de la muerte, es un duelo o como dicen algunos, un conflicto, más doloroso que la propia muerte del ser amado.
http://musica.mysofa.es/artista/the_beatles/escuchar_musica/
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Me encantaaaaaaa.........
ResponderEliminarGracias
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